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miércoles, 12 de octubre de 2011

El sabio de las montañas

-¡Mira que cosas! – le dijo el abuelo – Ahora resulta que yo soy el personaje más importante de tu historia Santiago.

-No abuelito…oshhh…parece que no entendiste nada…nadita… ¡TÚ NO ERES NINGÚN PERSONAJE de mi cuento de super mega héroes!, Tú no vuelas, ni usas armas, ni defiendes el universo de los ataques de los malos - continuo el pequeño niño de 10 años, tomando el escrito de las manos arrugadas de su amado compañero de juegos de los sábados.

El abuelo sonreía, con esos ojos bondadosos y con una palmada en el banco de madera donde se encontraba sentado, le indico que se sentara a su lado.

Era una iluminada tarde del mes de octubre y se encontraban en la casa de campo familiar, bajo la fresca sombra de un árbol enorme, lejos, apenas se escuchaban las voces de los demás integrantes de la familia que jugaban, platicaban, comían y otros reían en la terraza, al final del extenso jardín.

Sólo una mujer se asomaba por la ventana del segundo piso, era la mamá de Santiago, que fijamente miraba la escena complacida, quieta, congelando el momento.

Desde el nacimiento de Santiago, su padre se había volcado en atenciones y mimos hacia el nieto, existió desde siempre, una conexión muy grande entre los dos, era él, su abuelo, quien le enseño a andar en bici, a guardar silencio cuando un adulto hablaba, a expresarse con palabras educadas y cultas que ya no se utilizaban, a dirigirse de usted a sus mayores que le eran desconocidos, a esperar pacientemente su turno, cuando le traía una sorpresa de los tantos viajes que realizaba con la abuela, a darle el lugar a las señoras y a los adultos mayores en las bancas del parque que frecuentaban, a ser feliz viendo las nubes y descifrar sus formas con increíbles figuras, a inventar cuentos y escribirlos en un cuaderno muy especial, que era de ellos dos.

La mujer iba a gritarles para invitarlos a comer, ya eran las 4 de la tarde, pero se detuvo y decidió que esos momentos, eran invaluables para ambos… ya comerían cuando tuvieran hambre.

-Mira Santiago – le dijo el abuelo- tomando con cuidado el cuaderno de las manos del niño. - Aquí dice que el sabio de las montañas, era un señor muy callado, grandote, con ojos azules y cabello blanco... si le quitamos la barba y le ponemos un chaleco como el mío… ¿no es idéntico a mi?.

El niño miró el dibujo que había hecho del poderoso y valiente personaje y luego veía a su abuelo, quien pacientemente esperaba el veredicto de su nieto.

Santiago lo revisaba de arriba hacia abajo, suspiraba y luego regresaba a su dibujo, coloreado con gran imaginación, negaba con la cabeza y luego veía nuevamente a su abuelo… pensaba - No puede ser, él más importante super héroe de mi cuento, padre de todos los demás personajes de mi historia, ¿es igualito a mi abuelo?. Y entrecerrando los ojos, cerrando de un golpe su cuaderno, le dijo con voz muy lenta:

- Oshhh… ¡Tienes Razón!, ¡¡TU eres el personaje más importante de mi historia!!.

El abuelo lo abrazo tiernamente y con lágrimas en los ojos, le susurro al oído…

-No importa mi niño… ¡TU eres el personaje más importante de mi vida!.